El diseño industrial protege la apariencia de un producto: su forma, sus líneas, su estética. Si tu diferencial está en cómo se ve, este es tu registro.
El diseño industrial protege la configuración estética de un producto: la silueta de un mueble, la forma de una botella, la trama de un tejido, la carcasa de un dispositivo. No protege la función (eso es terreno de patentes y modelos de utilidad) sino la apariencia que hace reconocible a tu producto. Los grandes conflictos de propiedad intelectual del mundo se juegan en este registro.
Estampas, cortes, suelas, apliques: en moda, la copia es la regla. El registro del diseño te da la herramienta legal para frenarla.
La botella, el frasco, la caja que hacen que tu producto se reconozca en la góndola son un activo registrable, y de los más copiados.
Sillas, luminarias, accesorios, dispositivos: si el valor de tu producto está en su diseño, el registro es lo que lo convierte en tuyo.
Análisis, láminas y presentación: el registro de diseño es ágil si se prepara bien.
Confirmamos que tu diseño sea nuevo y que la vía correcta sea esta (y no marca tridimensional o modelo de utilidad).
Armamos la documentación gráfica conforme a los requisitos del INPI — el punto donde más solicitudes fallan.
Presentamos ante el INPI y monitoreamos hasta el registro.
Cuando conviene, sumamos marca tridimensional o modelo de utilidad para blindar el producto por todos los frentes.
No compiten: se complementan. El diseño protege la estética del producto; la marca, el signo que lo identifica. En productos icónicos suelen registrarse ambos. Más sobre marcas en nuestra guía de registro.
Idealmente sí, porque la novedad es requisito. Si ya lo lanzaste, consultanos: hay plazos de gracia que pueden salvarte.
Contanos qué producto diseñaste y evaluamos tu caso sin cargo.
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